POEMAS DE MARIETTA MORALES RODRÍGUEZ
En el Día Internacional de la Mujer
Poetiza Antofagastina en toda su esencia
Sobre el césped de ladrillos fríos
Como cuchillos japoneses,
Sueños de gigantografías
Frente al correr de las micros,
El sonido subterráneo del metro.
Los adoquines ardientes del mediodía
Sobre la fachada del Hotel Olímpico,
Que envuelve a la ciudad
Como un fantasma operàtico.
Bajo el cielo de los dioses
Entre oficinas grises, secretarias marchitas
Como flores de cementerios;
Escolares vagabundos,
El viejo ayuntamiento,
El león muerto de hambre.
Un pequeño Olivar
Agotado de gritar lamentos de siete años,
Han desafiado a la tierra
Para moldear aquellos silencios petrificados,
De los que llevan el alma tatuada
De levantarse temprano,
Para subir a la carretilla de la muerte.
Cómo quisiera romper
Aquel esqueleto prehistórico,
De ese puente que cruza el río de la ciudad.
Montarme sobre caballos etéreos
Para que el pequeño Oliver
Suba a lo alto de esos palomares,
Que llevan la rama del Olimpo
En el camino de los olivos.
Sacudir esos muros de los lamentos eternos.
REMOLINOS SOBERBIOS
Remolinos soberbios
Se posan sobre mi ventana.
Nacen como la furia de un relámpago en Lebu,
Por la palabras masticadas de piedras.
En el sueño de una princesa
Que acaba de despertar después de cien años.
Circulo fatuo de fuego de pastizales
En el camino de un pueblo perdido.
Ahí eres divino
Más allá de la iglesia de los siete cirios,
O el confesor
De esas noches húmedas en el pasto.
En el crepúsculo o en el amanecer.
Enciendes aquellas fogatas
En busca del anillo de los siete demonios,
Por el recorrido de torres al final del glaciar.
Te invoco en la quietud de la noche,
Como el alma errante
De una mariposa de hierro,
Que prende los faroles
De esas fiestas interminables.
Veo la lengua rojiza de un dragón
En la orilla de una cortina corrida.
Lo bello imperfecto de la ecuación equivoca,
El amanecer sin dioses .
EL NOMBRE QUE NUNCA APARECIO
Nunca apareció su nombre
En la lista de los tribunales,
En el memorial del cementerio,
En las fotografías de las blusas blancas,
En el baile de la cueca solitaria.
Todo fue más que el silencio
De la tiza de la pizarra,
Por esa ecuación de segundo grado
Que jamás fue resuelta.
Sombras siniestras cubrieron
Las hojas de la higuera
En el patio del colegio.
Murmullos se acallaron en el bar del pueblo.
Bicicletas que oxidaron con la lluvia.
Una madre lee un cuento de hadas
A orillas de la tumba
De los siete años de las vacas flacas.
Otras madres tejen la mantilla eterna
Por las sirenas que tapizaron la lápida,
Por esa sangre que provoco el incendio
Desde los pasillos de los tribunales de justicia.
CAFÉ EN PARÌS
Si el mundo comienza en un café en París,
Donde observo a los transeúntes,
Correr de un lado para otro detrás de la niña del globo rojo
En la estación del metro.
Que no es más que el resplandor de mis propias monedas,
Que hago girar en las piletas del mundo,
el canto agónico que sangra a orilla de la vereda .
Veo tu sombra en el teatro de variedades
Sintiendo el aroma de ese café con el sonido de las sirenas
Que hacen sudar los cuerpos en la placidez de la línea de sol.
El mundo no es más que la higuera de los espejos rotos.
Cuento los minutos en el viejo reloj,
Para ver la nariz lúdica de aquel clown que lanza la carcajada
En esas noches de velas famélicas
En que yo sacaba un baúl los mapas destrozados de tus permanentes silencios,
En la quietud de un café en París.
MUJER DESNUDA FUMANDO EN LA VENTANA
En el atardecer,
Sobre el vértigo de la ciudad,
En el caminar de los gatos filosóficos
Una mujer desnuda fumando en la ventana.
Ve como los autos corren de un lugar a otro.
Absorbe el humo de los cigarros
Evocando al anciano japonés
En la barca de un río,
De un pueblo que se construyo
Con los huesos de la tierra.
Las campanas repican fuerte
Por aquellos fusilamientos
En los ladrillos rojos de la cárcel,
Que rompieron nuestro mundo en dos mitades,
Con el cuchillo de esos papeles
Que añican los vidrios de antiquísimos colegios.
Manzanas hacen girar
La pileta de la plaza principal,
Por aquel sacerdote
Que logro unir la leche
Con el caminar de los ratones .
Cerca de la celda del monje
Los átomos explotaron,
Con el cuerpo de esa mujer desnuda
Fumando en la ventana.
POSDATA PARA UN EDITOR EN CEYLAN
Furia, efímero habitante de una poeta.
Los poemas resbalan de los montes
Pero no volaron hacia los árboles rojizos.
Furia, efímero habitante de una poeta
Por tu danza sobre los huesos,
Han sentido el placer de honores imaginarios.
Furia, efímero habitante de una poeta
Dejan que las tribus giren en torno
A su propio fuego,
Que se mutilen
Sin diamantes,
Sin olivos de hojas.
Furia, efímero habitante de una poeta
Que el fogón llegue a lo alto de una vértebra,
Sin opulencia de papiros destellantes.
Furia, efímero habitante de una poeta
Que el espejo polvoriento
No delate tu isla secreta,
De tus cajones
Desarmando los manuscritos de una novela.
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